El jueves
21 de agosto a mediodía se conoció la sentencia
que recayó sobre Alejandro Majeruz y Ana Ormeño,
los dos acusados por el homicidio de Ruth Acuña y Carlos
Majeruz. El primero fue condenado a la pena de reclusión
perpetua, mientras la Ormeño fue absuelta de la acusación
de haber tomado parte en el delito.
El hecho, que tuvo lugar en el interior de una vivienda de Valle
Grande el 24 de julio del año pasado, se ventiló
en debate oral ante el tribunal de la Primera Cámara del
Crimen de San Rafael. Según anticipamos, el caso tuvo un
giro inesperado cuando Ormeño se autoinculpó declarándose
única autora del delito en el que hasta ese momento estaba
imputada como simple partícipe.
Como su declaración no convenció a los jueces ni
al fiscal Norberto Jamsech, el tribunal en pleno se trasladó
a Valle Grande el jueves 14 para llevar a cabo una inspección
ocular y cotejar los dichos de la mujer en el terreno.
Al día siguiente, y contra todas las previsiones, Alejandro
Majeruz aceptó declarar ante el tribunal que preside Jorge
Germanó, y se llevó a cabo un careo entre los integrantes
de la pareja. Allí empezó a desmoronarse la convicción
de Ana Ormeño, que admitió haber sido presionada
por Majeruz para cambiar su declaración. Éste, a
su vez, dijo que la mujer había ultimado a su madre y hermano
para que la pequeña hija del matrimonio -de 4 años
de edad- quedara como única heredera de los bienes familiares.
En medio de estas contradicciones, la Cámara dio por concluida
la audiencia del viernes, pasadas las 13.30, y declaró
un cuatro intermedio hasta el miércoles 20. Ese día,
tan inesperadamente como lo hizo antes, Ana Ormeño pidió
a través de su defensora ampliar la declaración
de culpabilidad. En esta oportunidad no sólo se retractó
de sus dichos, sino que además relató ante el tribunal
el infierno que había sido su vida con Majeruz y el que
le habían hecho vivir durante la convivencia con su suegra
y su cuñado. Según manifestó, tras pedir
que su marido fuera retirado de la sala, éste la sometía
a habituales vejámenes y malos tratos quemándola
con colillas de cigarrillos si se negaba a mantener relaciones
sexuales y aún amenazando a la hija de ambos para lograr
sus propósitos. En base a este cuadro de situación,
la defensora oficial María del Carmen Camiletti solicitó
la absolución de la mujer, a quien presentó como
otra víctima del homicida ya que, por temor a represalias,
se avino a asumir la culpa de un delito que no había cometido.
El fiscal de Cámara Norberto Jamsech, no obstante, mantuvo
firme su pedido de 15 años de prisión para Ormeño
como partícipe secundaria en el doble homicidio.