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Extraña resolución de un doble homicidio
Por Mario Limeses
El 24 de julio del año pasado, Ruth Acuña y su hijo Carlos Majeruz fueron víctimas de la furia homicida en su casa de Valle Grande. A Ruth la balearon y apuñalaron varias veces, mientras a su hijo le atravesaron el cráneo de un certero balazo con una Bersa calibre 9 milímetros. Ninguno de los dos atinó a defenderse porque, en realidad, no esperaban ser atacados.
El hecho se aclaró rápidamente cuando la policía detuvo como principales sospechosos al otro hijo de la Acuña, Alejandro Majeruz, y a su mujer Ana Ormeño a pesar de que fueron quienes denunciaron el hecho. Ambos fueron incapaces de explicar a los detectives la razón por la cual no habían escuchado los disparos ni notado nada extraño a pesar de la poca distancia que mediaba entre su alojamiento y la casa principal donde yacían sin vida Acuña y Majeruz en medio de un charco de sangre.
Alejandro Majeruz dijo que no había oído nada porque a esa hora ( pasadas las 22) se estaba bañando. Ana Ormeño, por su parte, aseguró que se había dormido profundamente mientras intentaba que su pequeña hija conciliara el sueño. Bastó una mirada al interior del cuarto de baño para que un policía poco sagaz advirtiera que hacía bastante que allí no se bañaba nadie. Lo demás fueron puras contradicciones. El martes pasado, en la sala de juicios orales de la Primera Cámara del Crimen, Ana Ormeño confesó la autoría del doble homicidio ante el presidente del tribunal, Jorge Germanó. Según afirmó ante la desesperación de su defensora, cometió el crimen vistiendo las ropas que su marido había dejado mientras se bañaba y posteriormente arrojó las armas al cauce del río Atuel, donde las hallaron los investigadores.
Para el fiscal Norberto Jamsech y aún para el doctor Germanó, esa confesión no resiste el menor análisis. Pero si la Ormeño insiste en sus trece, no tendrán más remedio que condenarla como autora material del doble homicidio y considerar a su marido apenas partícipe secundario en un delito que, de probarse que él cometió, lo expondría a una pena mucho más grave por el vínculo que lo unía a las víctimas.

 



 

 



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